Kinder de Inversiones
Lecciones Por Aprender

Es pertinente que terminemos con un cuento. Estamos en una especie de Kinder, por lo que aquí debemos contar cuentos, siendo que son entretenidos y educativos a la vez. Sin embargo, he notado que en América Latina no existe realmente una tradición de contar historias a los niños para inculcar lecciones de vida. Por tanto, utilizaré una historia que es muy conocida y simple para ilustrar el punto que hemos estado tratando de expresar.
¿Se encuentran cómodamente sentados? ¡Bien! Es la historia de los tres cerditos y el lobo. Había una vez tres cerditos y cada uno construyó una casa. El primero pensó que una casa de paja era suficiente protección y la construyó rápidamente, para tener más tiempo para disfrutar y divertirse con sus amigos. El segundo, tomó una decisión un poco más seria y decidió construir la suya de madera, pero mientras veía al primero jugando y disfrutando, sentado en la sombra, bebiendo y divirtiéndose con sus amigos, la terminó en forma apurada, sin los cimientos apropiados, y se dedicó a divertirse con sus amigos, bajo la sombra, mientras todos juntos se burlaban e insultaban al tercero, que pragmática y estoicamente continuó construyendo su casa de ladrillos bajo el cálido sol. Aún así, el tercer cerdito era “de carne y hueso”, y muchas veces su mente encontraba una razón para detenerse y descansar, refrescarse nadando en el río cercano y beber algo bajo la sombra con sus amigos… o para tomarse algunas vacaciones por sus esfuerzos. En esos momentos de vacilación él recordaba las amonestaciones de su madre de “No dejar para mañana lo que podía hacer hoy” y pensaba en el placer que tendría pronto al invitar a sus amigos burlones a su casa, que los protegería y les brindaría comodidad en todas las estaciones. El sabía que la casa del primer cerdito se caería en poco tiempo y que necesitaría ser reconstruida desde cero. Cuando hubiese lluvia sería incómodo incluso vivir en la casa de madera construida por el segundo cerdito, que no tenía bases reales y, a pesar de que estaba mejor construida mejor que la primera, tampoco proporcionaría seguridad a largo plazo contra los elementos. Entonces el cerdito les respondió algo gracioso a sus amigos que se divertían y regresó a sus labores, trabajando rápidamente, aunque con mucho cuidado, para culminar su labor.
Algunas semanas después, un lobo hambriento llegó cerca de donde vivían los cerditos. El lobo, siguiendo su olfato, llegó al claro y vio las tres pequeñas casas. El primer cerdito estaba jugando fuera de su casa de paja y, al ver al lobo, entró rápidamente a su casa y, temblando de miedo, bloqueó la débil puerta. El lobo rodeó la casa y le dijo tranquilamente “pequeño cerdito, yo soplaré y soplaré y tu casa derribaré y te comeré para el almuerzo”. El sopló y sopló la casa de paja y ciertamente la derribó quedando sólo una nube de polvo. Por suerte el pequeño cerdito se escondió en la nube y corrió lo más rápido que pudo buscando resguardo en la casa de su otro amigo, pudiendo llegar a su casa de madera, a pocos centímetros de los dientes del lobo. Los dos se agacharon temblando de miedo, mientras que el lobo, ahora más molesto y hambriento, merodeaba la casa de madera, amenazando con derribarla y comérselos. Ninguno de ellos confiaba en que la casa de madera, erigida de prisa y sin buenas bases, sobreviviría las atenciones del lobo, y por eso decidieron hacer un plan. El lobo sopló y sopló, sopló y sopló, sopló y sopló hasta que la casa comenzó a colapsar; los cerditos actuaron según su plan y fueron capaces de escapar a duras penas, y llegar así a la casa de ladrillos de su amigo.
Esta vez el lobo, muy molesto y extremadamente hambriento, destilando rabia y frustración, hizo la misma amenaza, pero sin importar qué tan fuerte sopló y sopló, no pudo derribar las paredes de ladrillo de la casa del tercer cerdito. A la larga se fue cansado y desanimado y los primeros dos cerditos quisieron hacer una fiesta para celebrar. El tercer cerdito aceptó, pero primero les hizo prometer que al día siguiente comenzarían a construir dos casas de ladrillo. Ellos aceptaron, festejaron, construyeron dos casas resistentes más y vivieron felices para siempre.
MORALEJA
¿Será que la mayoría de las personas que conocemos en el ámbito profesional son similares a los primeros dos cerditos, en lo que se refiere a su falta de preparación, debido a que ignoran la realidad? ¡De hecho, no! Con toda seguridad aproximadamente un 20% de ellos son del tipo del primer cerdito, listos para festejar, a la expectativa de que se presente un gran negocio que les alivie sus problemas financieros de largo plazo, y ciertamente sin interés en aplicar el pragmatismo necesario. Difícilmente podremos ayudarlos y con tristeza veremos que el lobo los atrapará, hablando en términos metafóricos.
Hay otros que se encuentran en la misma situación pero por razones muy diferentes. Regularmente nos reunimos con personas muy exitosas, trabajadoras e inteligentes que igualmente no están preparadas. Esto no es porque festejan, aunque sin duda disfrutan sus jueves en la noche y los fines de semana, sino porque están ocupados, y nunca parecen tener tiempo para explorar las posibilidades y, en muchos casos, no tienen idea ni de cuáles son. Cuando las exploran, les parece que son o bien confusas y complicadas o no lo suficientemente específicas como para lo que requieren. Ellos entienden su problema, pero se encuentran conque viven en una cabaña de paja. ¡Nosotros podemos ayudarlos!
El escenario más común que encontramos es el de aquellos que han construido una casa de madera; se dividen en dos grupos distintos. Los primeros están planamente conscientes de que su situación es inadecuada para sus aspiraciones financieras, y buscan ayuda competente para diseñar una solución duradera. En realidad ellos no saben exactamente qué desean o necesitan, ni entienden realmente sus opciones, sin embargo son lo suficientemente inteligentes para reconocer una buena solución pragmática cuando se les presenta, por lo cual podemos ayudarles.
El segundo grupo se parece más a sus vecinos de la “cabaña de madera” dado que entienden que tienen una necesidad, pero se parecen a sus compañeros de la “cabaña de paja” cuando se trata de encontrar soluciones. En general, todos han hecho pobres inversiones en programas muy inadecuados que casi siempre ostentan expectativas irreales. Raramente reconocen las diferencias de calidad entre las opciones y casi siempre escogen las soluciones que les prometen las ganancias que necesitan, pero sin aplicar el análisis crítico necesario para asegurarse de que la opción propuesta es realmente viable. A ellos les cuesta admitir que existe un problema, y que la decisión que tomaron fue más emotiva que pragmática. Por tanto, es difícil asistirlos aunque, una vez convencidos, aplican diligentemente las soluciones.
Los dueños de la casa de ladrillos son fáciles de asistir; constantemente están en alerta de nuevas opciones para mejorar y mantener su estatus. Entienden la necesidad de revisiones periódicas de su proceso y se disciplinan a sí mismos para detectar en forma temprana los indicios iniciales de problemas. Por tanto, ellos disfrutan el hecho de que están en control de su futuro financiero y de que, si se pasa por un periodo difícil o si ocurre un suceso inesperado, estarán bien posicionados para minimizar su efecto.
Lo anterior es un ejercicio filosófico simple y, como tal, algunas veces muy sutil en su mensaje. Por tanto, tome una hoja de papel y utilice cinco minutos de su tiempo para estudiar pragmáticamente en dónde vive.
Imagine que le han informado que tiene una semana de vida. Luego del impacto inicial se da cuenta de que debe asegurarse de informar a los seres que ama de este hecho y decirles qué deben hacer para asegurar que su futuro sea menos doloroso. Usted siempre ha sido la persona principal que lidia con las finanzas y ahora usted debe darles los detalles que les permitan asegurarse de que su difícil futuro sea el mejor posible. Después de todo, ellos son los seres que ama...
Con la excepción de su vivienda principal… haga una lista de todas las acciones, seguros e inversiones que ha acumulado y totalícelos. Anote al lado de cada uno sus sugerencias sobre cuándo y cómo deben venderse para alcanzar el mejor precio posible y el nivel mínimo que pueden aceptar; en quién deben confiar para que los asista y en quién no. Totalice todas las deudas, créditos y préstamos y dedúzcalos.
Especifique las necesidades futuras de educación de sus hijos y escriba cómo deben ser pagadas.
El total sobrante debe ser el punto medio de cada una de las valoraciones que ha realizado. ¿Cuál es el monto? Divídalo entre 14. La cifra que observa es el monto que su familia tendrá como ingreso cada año (una inversión segura con un rendimiento de 7% anual, sin utilizar el capital).
Finalmente divídalo entre el monto que espera obtener este año. ¡Obsérvelo! Luego piense en qué tipo de casa se encuentra viviendo. Si no es de “ladrillos”, entonces contáctenos, lo podemos ayudar. Si lo es, entonces contáctenos para realizar una inspección de manera independiente y asesorarlo, confirmando su integridad o sugiriendo mejoras.
En el destino de todos nosotros se encuentra un lobo en algún momento de nuestra vida, con suerte, la mayoría de las veces a cierta distancia. Ninguna persona razonable desea experimentar un encuentro cara a cara sin ninguna protección disponible. Ese es un momento peligroso para tomar decisiones.
Por tanto, ¡construya una casa de ladrillos y viva feliz para siempre!
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